ESCUELA DEL BUEN VECINO / [email protected]
Por: Domingo Alexander Mesa Mora *
Medellín, Colombia. 10/02/2025 La Democracia es sin duda alguna, el modelo político-jurídico más valioso de todos los que ha conocido la historia.
Las nuevas realidades de la Época Contemporánea, en la que viene teniendo lugar la Globalización, les exigen a todas las Personas, Ciudadanos, Empresarios, Sociedades, Comunidades, Pueblos, Naciones, Gobiernos y Estados, pensar globalmente, y actuar localmente. La Democracia no es un modelo perfecto, ni está libre de los múltiples vicios que el hombre, a través de la historia de la civilización, ha apuntalado y descubierto, pero permite la convivencia y favorece la paz y la coexistencia entre los hombres y sus comunidades, como ningún otro régimen político-jurídico puede conseguirlo. La clave para conseguir tales fines, la encontramos en los Valores y Principios propios de una Sociedad Abierta, Libre y Pluralista, tal cual lo exige un Estado Social, Constitucional y Democrático de Derecho. En concreto, las sociedades, para conseguir apuntalar los Valores y Principios propios de una Sociedad Auténticamente Abierta, Libre y Pluralista, deben alcanzar el justo y difícil equilibrio entre Democracia, Seguridad, Libertad y Justicia Social, a fin de conquistar un Orden Social armonioso, fraterno, valioso y permanente.
Del Estado Demoliberal de Derecho, al Estado Social y Constitucional de Derecho
Tras la independencia de los Estados Unidos de América de 1776, y la aprobación de su Constitución Política en 1787, lo mismo que tras la Revolución Francesa de 1789, y tras las guerras de independencia de Hispanoamérica que dieron lugar a las primeras Repúblicas, se apuntalaron las primeras versiones del Estado de Derecho, uno de condición liberal y democrática, es decir, como régimen político-jurídico demoliberal, respetuoso de unos Derechos Naturales, Sagrados e Individuales, que van desde la propiedad privada, hasta las libertades de conciencia, expresión y religiosas. Pero tal individualismo dio lugar a una atomización donde cada individuo resultaba soberano, en perjuicio de los vínculos comunitarios y del muy valioso tejido social. Este individualismo atomizado ha resultado superado por los valores y principios propios del Estado Social, apuntalado sobre la Solidaridad, la Justicia Social, y el Reconocimiento de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de todas las personas, y los correlativos Deberes Sociales del Estado y de los particulares, por los cuales la propiedad privada, la actividad económica, y la libre iniciativa privada, ya no se limitan a los fines del lucro privado, aunque se reconoce su plena vigencia, como funciones sociales, junto con las demás libertades individuales, es decir, la totalidad de los derechos civiles y políticos.
Los Valores y Principios propios de una Buena Vecindad
Los valores y principios que sustentan una buena vecindad, en favor de la convivencia, la paz, la tolerancia, entre hombres y mujeres, niños, adolescentes, jóvenes y ancianos; entre todas las personas, sin distingo de raza, origen étnico o nacional, clase social, discapacidad física, fisiológica, mental o sensorial, orientación sexual, credo religioso, profesión u oficio, militancia política, convicciones filosóficas, sociales o políticas; entre credos y confesiones religiosas, y entre ateos, agnósticos, no religiosos e indiferentes; entre ciudadanos, funcionarios, servidores y empleados públicos, gobernantes, congresistas, gobernadores, diputados, alcaldes, concejales, ediles, y actores cívicos y comunales; entre activistas sociales y comunitarios; entre líderes, partidos y movimientos políticos; entre campesinos, pescadores, pueblos negros e indígenas; extranjeros, migrantes, asilados y refugiados; entre empresarios, comerciantes y propietarios; entre organizaciones no gubernamentales, asociaciones, sociedades, fundaciones, cooperativas, corporaciones e instituciones sociales, educativas, universitarias, económicas, comunitarias y culturales; y entre instituciones políticas, democráticas, constitucionales, jurídicas y judiciales. Los mencionados valores de una buena vecindad, deben también sustentar la vida política, institucional, social y cultural entre barrios, comunas, colonias y vecindarios; entre veredas, caseríos y corregimientos; entre ciudades, centros urbanos, municipios, metrópolis, distritos, provincias, departamentos y regiones; entre Estados, gobiernos, naciones y países. Estos valores de buena vecindad, convivencia, paz y tolerancia, deben igualmente presidir la relación entre intelectuales, pensadores, filósofos, científicos, artistas, estudiantes, universitarios, docentes, profesionales, investigadores, técnicos y tecnólogos.
*
Abogado y exdocente de la facultad de Ciencias Humanas y Derecho de la Universidad de Antioquia, integrante del H. Consejo de Exaltación Orden Cívica. Actual Director de la Revista Colombiana de Estudios Constitucionales, excelso miembro de la Escuela del Buen Vecino Sai.
La Escuela del Buen Vecino EBV es compromiso institucional de nuestro portal de opinión, los aportes académicos y doctrinales comprometen fielmente el pensamiento del portal de opinión universitario
www.forochat.com.co