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EMA FOROCHAT / [email protected]
Por: Edier Adolfo Giraldo Jiménez *
Dedicado a los que mueren...
También a los que viven…
Y a los vivos que están muertos…
Y a los muertos que están vivos.
El único animal que se muere no es el ser humano, también el resto de los animales e
incluso las plantas; pero en el hombre la muerte adquiere una connotación especial. Y ello
es así por culpa del tiempo. A diferencia de las plantas y los animales, los humanos no
solamente somos en el tiempo, sino que SOMOS TIEMPO. El tiempo nos consume, nos
devora y nos sostiene. No en vano dijo Heidegger que
“el hombre es un ser en el tiempo”.
Cuando llegue la muerte y partamos de este mundo habrá terminado nuestro tiempo,
nuestro tiempo finito; porque empezará entonces el tiempo infinito, aquel que algunos
también denominamos vida eterna.
De todos los animales, tal vez el único que sea consciente de su existencia, de su tiempo y
de su muerte, es precisamente el ser humano. Los demás sólo viven sin ser conscientes de
que viven. O al menos, sin que la vida y la muerte sea una situación problemática y
pre-
ocupante para ellos. Nosotros nos
pre-ocupamos por la muerte, tanto como nos
pre-
ocupamos de la vida. Ocuparse antes de…es propio de ese tipo tan especial de homínido
que somos los
homo sapiens sapiens.
Pero ¿Qué es el tiempo? Y ¿Qué es la muerte? Aurelio Agustín, más conocido como San
Agustín, decía del primero:
“Si me preguntan que es tiempo, no lo sé; sino me lo
preguntan, lo sé”, como queriendo decir que el tiempo es una realidad que todos
conocemos pero que es algo indefinible. Y de la segunda expresaba:
“La muerte no nos
pertenece, porque cuando ella es y está, nosotros no somos ni estamos, y cuando ella no es
ni está entonces nosotros somos y estamos”. Lo que quiere decir que los humanos no nos
encontramos con la muerte, y sin embargo le tememos tanto. Vaya paradoja. Como
aquella que se le atribuye a Sófocles y que resume en una triada la gran paradoja de la
existencia humana:
“El hombre nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere”. Lo que
significa que no pedimos nacer, no sabemos vivir y sin embargo, no queremos morir. El
querer morirse es incluso considerado una patología; no es la regla general, es la
excepción. La regla general es el querer vivir, el querer existir.
De la reflexión acerca del existir humano se ocupa una corriente filosófica contemporánea
denominada existencialismo. Pero en realidad no es una sola, existen varias corrientes
existencialistas: la de Jasper que nos habla, por ejemplo, de las situaciones límites, tales
como la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, la soledad, la angustia y la muerte misma. La
de el ya nombrado Martín Heidegger, que predica acerca del
ser en el mundo y que afirma
además que
“el hombre es un ser para la muerte”; indicando con ello, que después de la
muerte el ser humano, no tiene nada más que esperar. La de Jean Paul Sartre, que nos
habla del ser y la nada; y que, en el marco de su ateísmo nos recuerda
“que antes de nacer
somos nada y después de morir seremos nada, y en consecuencia somos una cuerda tenida
entre la nada y la nada”.
Pero también existe un existencialismo creyente, representado fundamentalmente por
Soren Kierkegaard, que da lugar a la esperanza. Para el danés, el hombre no es un ser para
la muerte como lo expresa el filósofo alemán, ni tampoco es una mera cuerda tendida
entre la nada y la nada, como lo entiende el filósofo francés. Para Kierkegaard, lo que
caracteriza y debe caracterizar la existencia humana no es la angustia, sino la esperanza.
Pues la angustia genera desesperanza y la esperanza en cambio, aniquila la angustia.
En definitiva, la existencia de cada hombre es única, como única es también nuestra
manera de entender y habitar el mundo. De ahí que cada uno, puede optar por la angustia
de Heidegger y Sartre, o por la esperanza de Kierkegaard; pues al final, la muerte, el
tiempo y el hombre, son una sola y misma cosa, cuyo aparecer es la vida. Más que
respuestas, lo que define al hombre es la pregunta. Más que definiciones, lo que define al
hombre es el misterio. Por ello entre más pregunto por los misterios de la vida, encuentro
que la vida, la vida misma es un misterio… así como la muerte, el tiempo y el mismo
hombre.
* Licenciado, Magister, doctor en filosofía y abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana. Su ejercicio como litigante lo complementa como reconocido docente universitario. Expositor y académico invitado en nuestra Escuela del Buen Vecino.
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